Breve historia sobre el origen del corso de carnaval en la ciudad de Pedro Juan Caballero
2024-02-13 09:39:24 AM
En los primeros años del siglo XX el poblado de Punta Porã que paso a ser denominado Pedro Juan caballero por un Decreto del 30 de agosto de 1901 veía establecerse sus primeras Instituciones que tenían la función de reglamentar y establecer el orden en la población surgida gracias a su innegable posición geográfica que también se prestaba para el desarrollo comercial.
Breve historia sobre el origen del corso de carnaval en la ciudad de Pedro Juan Caballero

Grupos humanos oriundos de otras regiones del País y del propio norte veían a esta localidad como una nueva meca donde había mucho por hacer, pero que sin dudas ese trabajo traería sus recompensas, de igual manera los extranjeros que aquí llegaban también portaban sus anhelos.

El florecimiento comercial y la explotación de los yerbales permitieron la formación de una clase dirigente burguesa y de una elite que traía consigo costumbres y hábitos de los centros de donde eran oriundos. Estos luego llamaron para si la tarea de “civilizar” y también “moralizar” la frontera, veían ellos la necesidad de recrear los ambientes la citas sociales, conservando y trasmitiendo a los suyos esas reglas del buen vivir y del comportamiento en los salones.

Tarea no tan simple que exigió la construcción de un escenario para tales practicas.

De esta manera empieza a organizarse las primeras fiestas sociales, que procuraban marcar una pauta distinta a las ya frecuentes y de tinte popular que se realizaban en pistas improvisadas o bajo las parraleras de las moradas de gallardas y solicitas damas de vida bohemia que residían en la cercanía de la lagunita próxima al área donde también quedaban los troperos con sus carretas.

A estas recurrían figuras de nuestra frontera y caudillos que con su prepotencia eran señores de esos arrabales.

Pero cambiar la imagen de tierra de nadie exigía la instauración de una sociedad de “primera clase” y las familias detentoras de ciertos caudales económicos e ilustración fueron abriendo y formando dichos espacios. Se recuerda la importancia de la actuación del Mayor Fermín Casco y Espinosa, en esta empresa, autoridad local, ostentaba el cargo de Jefe Político y estaba unido en matrimonio a Doña Lidia Miranda Cueto, hermana de Doña Julia Miranda Cueto de Estigarribia, pertenecientes a la aristocracia del norte.

Y es en ese afán burgués donde una de las manifestaciones populares tendrá la acción de esa elite y se logrará algo muy importante que será la consagración o más bien la unión de clases por medio de una actividad que resulto armoniosa, conjugando a ambos polos que a principio parecían antagónicos, me refiero a las celebraciones de los carnavales.

Si bien a principio cuando estas familias de la elite tomaron para si las celebraciones del Momo organizando los primeros bailes en residencias particulares o en los predios públicos recién inaugurados como en el caso de la escuela Graduada Doble (1912) o de la Guarnición Militar (1913) trataron las autoridades de reprimir las manifestaciones populares consideradas desordenadas por esa parcela de la población, generándose un choque y distanciamiento.

Pero la magia de las fiestas de carnaval en cuyo origen ya estaba presente la celebración en conjunto, recordando que en las antiguas lupercales romanas los esclavos y siervos se mesclaban a los señores en esas celebraciones, resultaría totalmente equivoca pretender  romper y únicamente elitizar esa celebración en determinados espacios privilegiados.

De esta manera nada más acertado que llevar las fiestas del Momo a las calles como ya ocurría en otros centros, así se organizan los primeros corsos en esta frontera, que para la época y el espacio constituían un espectáculo llamativo y de gran aceptación en el cual se hermanaban ambas poblaciones.

Las familias pudientes exhibían sus automóviles decorados y las damas, caballeros y niños exquisitos disfraz recorriendo las arterias siendo seguidos por la masa que se sumaba a tan embriagadora puesta.

Acerca de los carnavales pedrojuaninos de antaño, el historiador Pedro Alvarenga Caballero expresa:

“Los carnavales  de Pedro Juan Caballero conocieron años de gran despliegue de lujo, brillantez y alegría. Numerosas comparsas animaban las fiestas realizadas en casas de las principales familias de la ciudad. Presentaban también graciosas alegorías, en las que no pocas veces tomaban parte las pequeñas de las familias. Los trajes de fantasía así como los juegos mímicos ofrecidos tenían un marcado estilo “Hollywood”.

El comentario acerca de las celebraciones en las residencias de algunas de las familias de la elite local nos resulta bastante ilustrativo; pero por otro lado en esta breve reseña que estamos presentando al lector la mirada se detiene en las manifestaciones en que la alegría de esos días traspasaba esos ambientes ganando las calles y uniendo las clases sociales.

Para este fin nos resulta bastante importante un artículo publicado  en el Semanario Independiente O PROGRESSO de la vecina Ponta Porã  en su edición del domingo 22 de febrero de 1920. Que dice:

“A las 14 horas del domingo empezaron a surgir en la avenida Internacional los primeros carros y automóviles gallardamente decorados, conduciendo grupos disfrazados, donde se destacaban caballeros, señoras y señoritas de la mejor sociedad paraguaya y brasileña.

A la noche se realizó en el edificio de la escuela publica de la vecina república el gran baile de disfraz, promocionado por el distinto Mayor Ayala digno Comandante de la Guarnición de Pedro Juan Caballero, donde las familias brasileñas fueron recibidas y tratadas con la mayor distinción y cariño”.

Si bien que nuestro columnista se fija mas en la actuación de la que él denomina “mejor sociedad” el lector puede retirar de las “entre líneas” aquello que el relato calla, o sea el espacio publico como escenario y por lo tanto la participación de todos a diferencia de la cita nocturna promocionada por el Mayor Ayala.

Para nuestra historia social analizar las celebraciones constituye una herramienta eficaz que nos permite recrear antigua costumbres y a la vez identificar facetas muy importantes que marcaron pauta en nuestro desarrollo.

El corso de carnaval representa un acontecimiento muy importante cuyos orígenes en esta frontera señala la amistad entre ambas ciudades y la comunión entre lo popular y lo elitista, y nos lleva a reflexionar a cerca de lo valido de su propuesta.

A lo largo de los años hubieron muy interesantes demostraciones donde se pudo apreciar la creatividad de nuestra gente, pero en un  determinado momento esta práctica se perdió volviendo a ser rescatada en el año 2009 gracias a una iniciativa del Departamento de Cultura de la Municipalidad,  que obtuvo una excelente receptividad, dejando como desafío el deber de superación para cada año, de manera a que logremos un espectáculo no tan solo llamativo para los nuestros, pero también para los demás, convirtiéndose en un futuro en atracción turística donde como primera pauta esté la alegría sin distinciones.

Lic. Sacha Aníbal Cardona Benítez       



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