Hoy celebramos a San Atanasio, obispo expulsado de su tierra natal por defender la verdad
2023-05-02 07:00:51 AM
Cada 2 de mayo recordamos a San Atanasio de Alejandría, Doctor de la Iglesia, obispo del s. III, defensor de la Trinidad y la Encarnación del Verbo.
Hoy celebramos a San Atanasio, obispo expulsado de su tierra natal por defender la verdad

Atanasio fue obispo de Alejandría, ciudad donde nació y creció. Fue una de las figuras más importantes de los primeros siglos del cristianismo gracias a su defensa de la ortodoxia contra el arrianismo, una de las más potentes herejías de la antigüedad.

Precisamente por su fidelidad a la doctrina fue víctima de la persecución y padeció el exilio en repetidas oportunidades. A pesar de ello, jamás desistió de proclamar a Cristo ni se apartó de la Iglesia.

Defensor de la Encarnación

Atanasio nació en Alejandría el año 295, y desde niño tuvo noticia de las sangrientas persecuciones emprendidas por el Imperio romano contra los cristianos. En el año 326 fue ordenado sacerdote por el Obispo Alejandro, a quien sirvió como secretario.

Tuvo una importante formación académica en filosofía, gramática y teología. Dominaba el griego en sus distintas variantes, así como el copto. Desde joven demostró talento para escribir -don que supo utilizar como teólogo y pastor-. Sus dos primeros escritos fueron “Contra los paganos” y la “Encarnación del Verbo”.

Con todo, lo que hizo célebre a Atanasio fue la controversia que libró contra los arrianos o arrianistas. El arrianismo tuvo su origen en la doctrina de Arrio, sacerdote de Alejandría, quien sostenía la idea según la cual Cristo no era verdadero Dios.

Contra la herejía

El obispo de Alejandría por aquellos días, Alejandro, llevó consigo a Atanasio al Concilio Ecuménico de Nicea con el propósito de combatir a los partidarios de Arrio y pedirle a este una retractación. Aunque al principio Atanasio jugó un papel secundario en el Concilio, su elocuencia lo llevó a refutar públicamente los argumentos de Arrio, quien no se retractaría y por ello sería excomulgado.

Atanasio envió numerosas cartas a los obispos de Oriente en las que advertía del peligro que suponía tergiversar la doctrina sobre Cristo, advirtiendo, además, que asumir las posiciones heréticas devendría en la excomunión del que profese o defienda la herejía.

Mientras tanto, la controversia en Alejandría llegó a oídos del emperador Constantino, quien decidió poner fin al debate enviando un conciliador. Lamentablemente, la polémica se había extendido ya por casi todo el oriente cristiano y las medidas de Constantino no dieron mayor resultado.

El emperador sabía que esta controversia debía ser resuelta prontamente e impedida su difusión en Occidente -se reconocía que era un peligro para la estabilidad y unidad tanto del Imperio como de la Iglesia-.

Fuente: ACI Prensa



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